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Como la madera de mi velero estaba algo manida y necesitaba una puesta a punto, aproveché para repararla en cuanto tuve un hueco. Ya bien entrada la tarde, mientras terminaba de coserle unos parches a la vela, llegó un muchacho:

-¡Hola! ¿Puedo ayudarte? —se ofreció amablemente.

-¿Quién eres? No te había visto antes…

-Me llamo Ismael Pardo Martín. En realidad soy aprendiz, no debería estar aquí…

-¿Aún no eres traductor?

-No, pero me falta muy poco. ¡Y tengo muchas ganas de aprender! Me escapo del barco de vez en cuando y vengo nadando hasta aquí… ¿Puedo ayudarte?

-¡Claro, claro! Siempre es un placer compartir con alguien que apunta maneras.

Ya les he contado que estoy cursando el Máster Europeo en Traducción Audiovisual que ofrece la UAB, y esta vez les traigo un ejercicio muy interesante que entregué para el módulo Teoría de la TAV, ¡espero que lo disfruten!😀

My Fair Lady es una película de George Cukor que se estrenó en 1964, protagonizada por Audrey Hepburn (Eliza Doolittle) y Rex Harrison (Profesor Higgins). Trata sobre Eliza, una florista pobre de Londres a la que el profesor Higgins le ofrece la posibilidad de convertirse en toda una dama de la alta sociedad. Ella acepta la oferta, aunque no entiende que para el profesor Higgins supone (en principio) un mero experimento de sus estudios como profesor de fonética. Ante todo, debemos tener en cuenta que Eliza habla cockney, un tipo de inglés que se destila en determinadas áreas londinenses y que a principios del siglo XX estaba visto como un sacrilegio al idioma, ya que se relacionaba con las zonas bajas de la ciudad.

Todo esto produce una diversidad de contenido digna de analizar desde el punto de vista humorístico, cultural, evolutivo… aunque en esta ocasión nos centraremos en lo traductológico.

En este sentido, y tal y como comentábamos Laura Cruz García y yo hace muy poco, en la traducción al español se han empleado incorrecciones léxicas mediante la pronunciación errada de determinadas palabras y mediante un vocabulario informal y poco apropiado para cada situación. El inconveniente es que estas decisiones han producido un acento que denota que el personaje procede de Andalucía, a pesar de que este detalle desaparece conforme avanza la cinta y Eliza va aprendiendo a pronunciar correctamente (dejando claro que se trata de un rasgo que nada tiene que ver con la variedad diatópica, sino con la diastrática). Ejemplos de esto se aprecian en sus entoavía (todavía), en el uso de formas apocopadas como pa’ (para), to’ (todo), en la ausencia de las letras «d», «c» y «r» en palabras como usté (usted), leciones (lecciones) y fuea (fuera). Más abajo veremos que en la versión española apreciamos que el personaje pregunta: «¿Y no he decío eso?», a lo que Higgins le contesta con sorna: «No Elisa, no lo has decío, ni siquiera lo has dicho». En algunos casos, hasta presenta rasgos semánticos característicos de la comunidad gitana: chamullar (hablar), achantar (callarse), nanai (no), o estar curdo (borracho), que no todo espectador es capaz de seguir.

Pero vayamos a una escena concreta, vean este vídeo de la versión inglesa:

Si nos centramos en la pronunciación, nos damos cuenta de que Eliza pronuncia inglés como si se tratara de un español que lee el texto tal cual aparece escrito, no según las reglas fonéticas anglosajonas. Teniendo esto en cuenta, cabe destacar la marcada pronunciación de los diptongos [aI] en lugar de [eI]. Ella pronuncia así:

«TheI raIn in SpaIn staIs maInly in the plaIn».

Cuando debería ser:

«The reIn in SpeIn steIs meInly in the pleIn».

Traducir el acento de Eliza resulta una verdadera odisea. El problema reside en producir un efecto asertivo en el público de la lengua meta, ya que se trata de un acento regional y no es comparable a un acento regional en España, puesto que todos somos conscientes de las particularidades de cada lengua y de cada cultura. Sin embargo, sí que se puede adaptar, por medio de la gramática y del léxico, la forma de hablar al estrato social y cultural del que procede el personaje.

La traducción de este fragmento presenta algunas particularidades. Para empezar, en español no tenemos un posible juego de palabras con la pronunciación de vocales: nuestro idioma se pronuncia tal cual se escribe, así que no da lugar a confusiones de tipo vocálico, como pasa en la versión original, pero sí que es cierto que hay regiones que pronuncian de manera particular alguna que otra consonante como, por ejemplo, la «ll».

Se conoce como yeísmo a la pronunciación indebida de una «ll» como una «y», y es lo que han tratado de mantener los traductores en este fragmento. De ahí que la frase haya cambiado de «The rain in Spain stays mainly in the plain» a «La lluvia en Sevilla es una pura maravilla». Vean la versión española:

Desde mi punto de vista, se trata de una buena solución traductológica, pero no estoy nada satisfecho con el doblaje. En esta escena era vital que la dobladora reprodujera una pronunciación deficiente de la «ll» y creo que no marca en absoluto esta diferencia, lo que origina que ni el propio espectador llegue a notar el contraste de pronunciación entre la frase de Eliza y la del profesor, a pesar de que sí queda patente la entonación con la que la enuncia cada uno. De los labios de Eliza suena más artificial, forzada, plástica; en los del profesor la frase baila, tiene otro ritmo. Aún así, ¡despiste en el doblaje!

Poco después, Higgins le muestra el aparato que mide la intensidad de las haches, y esto se ha traducido al español con la letra «j», ya que la «h» en nuestro idioma es absolutamente muda y solo se hace sonora en algunas partes de la geografía andaluza y canaria: jondo por hondo, jediondo por hediondo, jinojo por hinojo; la mejor opción era, claramente, cambiar de letra. La «j» supone una buena sustituta, ya que las dos consonantes han tenido rasgos en común a lo largo de la evolución de la lengua y porque produce el mismo efecto de aspiración que la «h» para los ingleses. La frase en la versión original reza:

 «In Hartford, Hereford and Hampshire hurricanes hardly ever happen».

«In ‘artford, ‘ereford and ‘ampshire ‘urricanes ‘ardly hever ‘appen».

El personaje comete un total de siete fallos en la pronunciación de la frase: seis por no aspirar la «h» y tan solo uno de ellos por aspirarla donde no debía. En español se tradujo de esta manera:

 «En Jalapa, Jamaica y Java háganse en junio enebros y jaras».

«En ‘alapa, ‘amaica y ‘ava há’anse en ‘unio jenebros y ‘aras».

Como se puede apreciar, tanto los traductores como los dobladores han sabido salvar en este caso la situación con mucha elegancia, ya que se comete exactamente el mismo número de errores y se repite que uno sea por un añadir una «j» en donde no se debía (jenebros). Además, han hecho coincidir en todo momento la pronunciación de las efes labiodentales sordas y las emes, pes y uves bilabiales del original con bilabiales en español —tarea muy plausible y harto complicada, dicho sea de paso—. Aún así, la solución se antoja un poco forzada, sobre todo en los puntos «há’anse» y «‘unio», ¿no creen?

Compartan ahora, ¿qué piensan ustedes? ¿Perciben lo mismo que yo? ¿Cómo creen que habrían solventado todos estos obstáculos?

¡Disfruten del Sol!😀

Hacía frío. Jennifer caminaba muy deprisa, los brazos cruzados y la mirada anclada en las estrellas. Tan solo se oía el crujir de las ramas y el viento meciendo las hojas. Iba siempre dos pasos por delante de mí y si percibía que apretaba el ritmo, ella hacía lo propio:

-Oye, ¿de qué va todo esto?

-Te vi la otra noche en la orilla. Sé que me viste llegar.

-¿Y qué pasa?

-Tú sígueme y cállate.

 

Durante el pasado octubre ―sí, ya sé que han pasado cuatro meses―, tuve la increíble oportunidad de asistir a un curso de Quick Braille que organizaba la ULPGC a través de la ONCE. Algunos se preguntarán «¿Y qué es eso del Quick Braille?». Pues bien, se trata de un software que permite transcribir textos a braille. Dispone de un editor bastante avanzado, capaz de transcribir y recuperar documentos en formato .rtf o .txt. Es decir, reconoce y genera archivos en braille por medio de tablas de conversión, y está disponible en castellano, catalán, euskera, gallego, inglés y francés. Por otro lado, si el ordenador tiene instalados los controladores de una impresora braille ―un monstruo de máquina, imagínense―, se pueden imprimir directamente los ficheros transcritos.

Además de aprender a usar el programa, nos mostraron cómo estaba organizada la ONCE para integrar a las personas con dificultades visuales. Nos enseñaron, entre otras cosas, inventos tan variopintos como un Twister que en vez de utilizar colores empleaba distintas texturas, como el corcho o el plástico; o cuentos infantiles que pesaban una tonelada y que contenían césped real, trozos de corteza de árbol y hasta un cuenco para verter agua y sal y acercarles así la idea del mar. Una verdadera gozada. Y es que, hasta que nos paramos a pensarlo, uno no se da cuenta de que hay gente que se desvive por acercar las realidades cotidianas de nuestro entorno a personas que no están en las mismas condiciones. Fue un curso muy completo, en el que entendí que muchos se dejan la piel cada día por garantizar una experiencia más completa a personas que no lo tienen tan fácil. Durante el curso, además de aprender a leer braille, también tuvimos la oportunidad de aprender a usar esta preciosidad:

He aquí la máquina Perkins para escribir braille. Una reliquia que posibilita la comunicación escrita entre el resto del mundo y los ciegos.

Algunos miembros de la ONCE nos dijeron que su trabajo consistía en pasar libros de texto o novelas a formato braille, actividad que cada vez se va perdiendo más con el auge de los audiolibros y que, en parte, les quita una carga de trabajo brutal, ya que pueden tardar meses en transcribir una sola novela. Por lo general, suelen editar los libros por tomos, porque en una lámina caben, normalmente, 29 líneas de 42 caracteres cada una ―así que hagan cálculos―. Aprendimos a escribir operaciones matemáticas, ecuaciones, raíces cuadradas… menos mal que no había que resolverlas porque si de por sí ya se me dan mal, ¡ni les cuento en braille!😦

Sin duda, la parte más interesante del curso fue aprender a usar la Perkins. Las láminas se insertan por la parte trasera y hay que ajustarlas con los rodillos ―como si se tratara de una máquina de escribir de toda la vida―. Cada una de las teclas numeradas en la imagen anterior corresponden al sistema genérico:

Para que funcione hay que pulsar las teclas a la vez. Esto es, si queremos escribir la letra «o», habrá que pulsar las teclas «1, 3 y 5» simultáneamente. Lo mejor es que si uno se equivoca, basta con apretar con el dedo el relieve erróneo y ¡listo para sobrescribir!😉

También nos enseñaron cómo estudiaban, entre otras cosas, geografía. Resulta que tienen una máquina gigantesca que se llama Thermoform y que trabaja a una temperatura exorbitante para dar calor y originar mapas en relieve como éste que vemos aquí:

¡A ver quién es capaz de encontrar San Borondón en el mapa!😛

Pocos días después de asistir a este increíble curso, me llegó una oportunidad de oro: entrar a formar parte de un proyecto de investigación promovido por la ULPGC y financiado por la Cátedra Telefónica.😀 El proyecto en cuestión se llama TheOp4All ―Teatro y ópera para todos―, y consiste en estudiar la forma óptima de subtitular y audiodescribir teatro y ópera para personas sordas y ciegas. Para colmo, el proyecto está integrado por un exquisito grupo de profesionales: por un lado, cuenta con investigadoras externas, como Pilar Orero, de la UAB, y Sarah Weaver, de la Universidad de Durham; y por otro, con investigadoras internas a la ULPGC, como Laura Cruz García, Heather Adams y Jennifer Vela.

Tras sopesarlo un poco, acepté con entusiasmo y desde entonces me encargo de administrar las redes sociales en Facebook y Twitter, así como de Escena Accesible, la página web. También trabajo en la elaboración de las encuestas y en el vaciado de los resultados ―algo inherente a mí, ya ven―, además de reclutar usuarios sordos y ciegos que vivan en Gran Canaria para que participen en el proyecto. En noviembre tuvimos la primera experiencia, y tuvo un éxito arrollador, aunque eso ya lo contaré más adelante. Lo mejor del proyecto es, sin duda, su labor social, ya que ver la felicidad reflejada en la cara de los usuarios no tiene precio; además de que puedo aprender mucho acerca de subtitulación y audiodescripción, gracias a colaboradores como Subbabel o Eresvoz:

 Instantánea navideña con el grupo de usuarios sordos tras la primera obra a finales de 2011.

Ahora tan solo queda ver cómo avanza, ya les iré contando las novedades poco a poco. No dejen de seguir a Escena Accesible, ya que el proyecto no solo desempeña una labor vital para la sociedad, sino que supone un campo muy interesante para cualquier traductor e intérprete.

¡Disfruten del Sol!😀

 

Al poco llegamos a un promontorio tupido de arbustos. Jennifer se abrió paso entre ellos:

-Los que arriban a San Borondón tienen dos opciones: o hacerse con un barco y pasar el resto de sus días en la mar o quedarse en la isla para siempre.

-Entiendo. Tú eres del primer grupo y yo del segundo, ¿no?

-No, de hecho, yo ahora mismo estoy aquí. Verás, hay una tercera opción: puedes quedarte en la isla y darte algún que otro paseo esporádico. ¡Cuidado con la rama!

-Sí, te sigo.

-Pues bien. Esta última opción no se puede elegir, te viene dada. Pero solo a unos pocos.

-Ajá. 

Jennifer se agachó para salvar las últimas ramas y llegamos al borde del promontorio. Desde él se avistaba una pequeña cala, la mar en calma:

-Pero ¿qué diantres…?

-Así que saluda a tu pequeño velero. Perteneces al tercer grupo.