Ya llevo unos cuantos días deambulando por San Borondón… no sé qué me deparará el futuro, pero lo que sí puedo contarles es de dónde provengo. ¿Qué mejor manera de estrenarme que desmantelando el barco en el que navegaba y del que tuve que saltar porque ya había cumplido la misión que se me encomendara cuatro años atrás? Creo que lo más acertado es que empiece dando mi opinión sobre la que ha sido mi Facultad estos últimos años.

La Facultad de Traducción e Interpretación ―FTI― de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ―ULPGC― comenzó su andadura en el curso escolar 1988-1989. Es la tercera facultad más antigua en estudios de traducción e interpretación en España, tras las de Barcelona y Granada, y se ha consolidado como una de las punteras dentro del panorama nacional, pero la mayoría de los que viajan hasta aquí para estudiar no lo hace por esta razón. Muchos vienen acuciados por la insularidad, por el sol y la playa casi constantes y por el acento canario y las famosas fiestas. La pregunta es, ¿merece la pena cruzar el charco para ingresar en esta facultad?

El primer paso

La prueba de selección asusta en un principio. Lo normal es que imponga bastante el hecho de saber que nos estamos jugando nuestros próximos cuatro años ―o cinco en el caso del doble grado― en una prueba que dura apenas dos horas, pero lo cierto es que es bastante sencilla.

Para la parte de español hay que tener un poco de suerte con los términos, saber situarse en el contexto y tener costumbre lectora ―que se presupone en un estudiante que se decanta por esta carrera―. Pero, por lo general, las clases del instituto serán más que suficientes para conseguir superarla, eso sí, no podemos permitirnos tener un mal día.

No obstante, la parte de inglés es coser y cantar. Muchas veces es la que más tememos pero en esta Facultad no hay de qué preocuparse. Ni siquiera hay examen oral, así que los que hemos sufrido los percances de la enseñanza pública en institutos no debemos preocuparnos… por ahora…

Instalaciones y acondicionamiento

Las instalaciones dejan bastante que desear. No quiero quejarme por vicio, entiéndanme, es un privilegio poder tener al menos un aula con una pizarra y unas sillas, pero sí que creo que en vez de poner una pantalla de plasma en el vestíbulo del edificio porque viene el alcalde de la ciudad a visitarnos, se debería invertir ese dinero en renovar los portátiles de la biblioteca, en mejorar el aula de interpretación y las cabinas «insonorizadas» y en comprar mesas para las aulas en lugar de esas sillas-brazo que siempre se convierten en el peor enemigo del estudiante ―y, en especial, de los zurdos―. Además, no hay ningún lugar cómodo para sentarse en toda la facultad. Lo único que hay son bancos exteriores de hierro que más que dejarte descansar, se te clavan en la espalda y el trasero, a diferencia de los cómodos sillones acolchados que hay en otras facultades del Campus Universitario principal…

En cuanto a la biblioteca… bien es cierto que en Canarias hay microclima, pero nunca pensé que fuera para tanto hasta que empecé a estudiar en la Universidad, ¡solo hay que estar un rato en la biblioteca para comprobarlo! El sistema de aire acondicionado es tan fuerte que incluso en pleno verano, y con una temperatura superior a los 25º en el exterior, es necesario llevarse una chaqueta. ¿Quién no se ha cogido un gripazo gracias a Toshiba? Yo sí, ¡gracias! >.<‘

La cafetería es el lugar en el que pasaremos más horas. En una carrera como ésta, es absolutamente necesario estar en contacto continuo con el resto de compañeros, interactuar, conocerse, compartir experiencias y puntos de vista y, por supuesto, emborracharse. Es el código del buen traductor. La cafetería no pertenece a la Facultad, es un local particular emplazado en el mismo patio, así que los precios distan mucho del paraíso fiscal para el consumidor que se establece en Tafira, el Campus principal. Y si por lo menos la calidad de la comida lo mereciera, a uno no le dolería tanto desembolsar los cinco euros del menú, pero después de haber probado las delicias de la Mensa alemana, los ánimos decaen hasta el inframundo. Un apunte, la botella de agua grande sin gas cuesta 1,40€

Docencia

Como pasa siempre, cuantos más profesores buenos coincidan en un centro, tanto mayor es la calidad de la enseñanza. Esto es, amén del prestigio que puedan tener algunas universidades míticas, la verdadera calidad reside en la suerte que tengamos con los docentes que se encuentren en ese año académico. Por esa parte, la verdad es que no me puedo quejar: ha sido un verdadero placer pasar estos últimos cuatro años en la FTI. El tercer año lo pasé en Alemania, pero cursé algunas asignaturas a distancia por medio del Moodle, así que no me desvinculé por completo. Durante este tiempo, he tenido la suerte de coincidir con docentes muy entregados: hay profesores que vienen dispuestos a que los exprimamos a tope, que se siguen tomando en serio su trabajo con el paso de los años y que comparten todo lo que saben en clases dinámicas y jugosas; pero también me he encontrado con algún que otro vividor, que se dedica a rellenar las horas lectivas, y con algún que otro dinosaurio, que ya ha perdido por completo las ganas de dedicarse a la docencia.

Así que si están pensando en estudiar TeI y no saben dónde, echen un vistazo al profesorado del próximo curso porque si tienen la suerte de coincidir con profesores de traducción de la talla de Ricardo Muñoz Martín, Laura Cruz García, Xavier Li-Tah Lee Lee o Víctor González Ruiz, o con profesoras de interpretación con el dominio de Goretti García Morales, Amalia Bosch o Jéssica Pérez-Luzardo, métanse de cabeza porque en ese momento las cotas de calidad de la docencia en la FTI de la ULPGC estarán por las nubes.

Eso sí, con la nefasta implementación que se está haciendo del Plan Bolonia en toda la red universitaria española, el sistema está cambiando por completo ―asignaturas nuevas, coordinación de materias entre CINCO profesores, clases de 9:00 a 14:00 sin posibilidad de diferenciarse del resto eligiendo optativas, etcétera―; de modo que si algún alumno de Grado quiere darnos su opinión la aceptaremos con gusto, que nunca está de más conocer otros puntos de vista.

Conclusión

Así que ahora toca sopesar si merece la pena venir aquí o no. Y eso ya va con cada uno. Por mi parte, y a pesar de todas las desventajas materiales que tenemos frente a otras universidades e incluso frente a otros campus con mayor poder adquisitivo, me quedo con que las clases que he recibido han sido, en su mayoría, toda una gozada. Volvería a repetirlo con los ojos cerrados. Y ustedes compañeros ex-alumnos, ¿qué opinan?

¡Buen día y disfruten del sol! 😀

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