Ha pasado una semana desde la última vez que escribí. He aprovechado este tiempo para construirme una pequeña choza con unas ramas que la lluvia ha arrancado de las altas palmeras que cercan la playa. También ha caído algún que otro coco, así que sobrevivo como puedo. Hoy me ha pasado algo curioso, he encontrado una caja con unos trabajos que hice antes de naufragar. Cuando la abrí, los ojos se me llenaron de lágrimas. Era irremediable. Por un momento pensé que mi embarcación había encallado cerca, pero pronto deduje que tan solo habían arrojado mis pertenencias al mar…

En el primer cuatrimestre de este curso asistí a la asignatura de Taller de traducción especializada de textos literarios de inglés a español con Ricardo Muñoz Martín. Durante esos meses tradujimos canciones manteniendo el ritmo y el mensaje, guiones de cine como American Beauty, poemas de distinta métrica, cuentos para adultos, cómics y viñetas, y hasta la novela The Game, de Jack London. Sin embargo, no quiero aburrirles con un contenido tan largo, pero no puedo resistirme a compartir con ustedes parte de mi cultura canaria. Nada más empezar el curso, y para meternos en la dinámica de los textos literarios, el profesor nos mandó a leer Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau. Este libro cuenta la misma historia ―muy cortita― de 99 maneras distintas utilizando diversos recursos literarios o siguiendo distintas estructuras: de soneto, de telegrama, de carta, etc.

Fue entonces cuando Ricardo nos propuso que nosotros inventáramos la versión número 100 de la historia, algo que no hubiese utilizado el autor francés, algo fresco y distinto. Se me ocurrió entonces utilizar mi condición de canario y fusionar nuestra peculiar forma de hablar con el vocabulario autóctono, entremezclando incluso algunas palabras propias de cada isla ―sí, hay diferencias incluso entre ciudades, como en todas partes― pero manteniendo el mismo trasfondo. A continuación les dejo el resultado, pero deben leerlo con acento canario, que si no pierde la gracia:

HABLANDO CANARIO SE ENTIENDE LA GENTE…

Pueh mira que iba yo el otro día en la guagua cuando se me arrejuntó aquí a mi lao un chinijo chico máh mahúro que’r diablo. Máh bahto y le jinco un revencaso. Y va er pive y se pone a alegá tó arrebujao con otro chiquillo que paresía una bohta con er buche añurgao: «¡Chacho mi niño, no sah chafalmeja y hasme un hueco ahí!» Y va er tío enroñao y se sienta, cuando había una vieja con er hosico pegao,  golisneando, mirando pa’l hueco.

Al fihco, iba yo pensando un fleje en mih folíah, cuando me veo ar guanajo en la ehtasión de Saint-Lazare. Ñoh, tenía un palique er machango con un matao, ¡y er totufo le comía la oreja sobre cómo lusí loh harapoh!

Si tienen alguna duda, disparen, que siempre es un placer enseñar canario. Les animo encarecidamente a leer el libro, porque se aprende mucho. Espero que les haya gustado.

¡Disfruten del sol! 😀

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