Después de cerrar definitivamente aquella caja que había traído la marea, pasaron unas cuantas horas antes de que me animara a indagar por la isla. Divisé un promontorio cercano y decidí escalarlo para tener una perspectiva general del terreno. No fue tarea fácil. Mi dieta los últimos días había dejado bastante que desear, así que no estaba en plena forma pero, aún así, la empinada cuesta rocosa no pudo conmigo. Cuando alcancé la cima, tuve que mantener el equilibrio porque el viento soplaba con mucha fuerza. A lo lejos divisé un poblado. No me lo creía. Era tal mi alegría que los ojos se me llenaron de lágrimas. Me llevé las manos a la cabeza pero, no sé si fue de los saltos de emoción o qué, lo siguiente que recuerdo es que resbalé y caí precipio abajo. Durante el descenso me mentalizaba de que estaba a punto de recibir un porrazo ―y no me refiero a los de fumar―, y fue así como me vino a la mente el día en que me dieron mi primer golpe de cara al mundo profesional.

Jennifer Vela Valido dándome esa bofetada que todo traductor necesita. 

El pasado mes de mayo, la ULPGC ofreció el curso «Traducción y localización de videojuegos: técnicas, herramientas y recursos para traductores», a cargo de Jennifer Vela Valido. A pesar de que a muchos de los asistentes solo le importaban los créditos de libre configuración y de que no estaban muy motivados con la temática ―una pena―, fue un curso muy enriquecedor. Sobre todo para mí, puesto que era el primer contacto que tenía con una de las ramas de la traducción que más me interesa: los videojuegos. Durante el curso ―que duró apenas 16 horas―, aprendimos cómo se mueve el mundillo de la traducción en la industria de los videojuegos ―características de los textos, herramientas de localización, tipos de encargo, problemas comunes de traducción, etcétera―, e hicimos varias prácticas con juegos de guerra y acción, entre otros.

Sin embargo, Jennifer dijo un par de frases durante el curso que me sirvieron para darme cuenta de la cruda realidad. Es lo que nos suelen decir muchos profesores y conferenciantes, pero sus palabras me llegaron justo en el momento adecuado. Nos habló de los blogs sobre traducción audiovisual ―ya yo seguía alguno que otro, pero ella amplió el abanico―, nos habló de la selva que supone dedicarse a la traducción, de que si queríamos vivir de esto debíamos espabilar, y nos presentó cómo funcionaba todo de pe a pa. Fue ahí cuando recibí el guantazo y cuando me entró esa sensación de terror: había gente que me llevaba muchísima ventaja y yo tenía claro que mi hueco también estaba ahí. Yo llevaba un tiempo angustiado porque veía que el final se acercaba y ahora me tocaba a mí decidir, pero fue ella quien activó ese clic interior ―¡gracias!―.

A partir de su bofetada profesional decidí apuntarme en distintas páginas para traductores profesionales ―LinkedIn, ProZ, Xing, Translator’s Café―, me animé a crearme una cuenta en Twitter, a currarme el CV y a dedicarle a este blog muchas horas, como si fuera una asignatura más que tuviera que aprobar. Y, además, con matrícula de honor, costara lo que costara. Ahora mismo disfruto como un enano, porque aparte de que engancha ―y mucho―, es una baza primordial para seguir nutriéndonos los unos de los otros y conseguir un trabajo, así que les animo encarecidamente a sumergirse en la llamada blogosfera. Yo tomé la decisión de crear un blog sobre traducción, pero no sobre un tipo específico, sino sobre mi relación con la traducción en términos generales.

Como guinda al pastel, Jennifer conectó vía Skype con Curri Barceló. Ver allí a una de las autoras de uno de los blog que más había leído me llenó de ilusión, era como ver a un escritor o a un actor famoso. Por su parte, Curri también nos dio varias pistas sobre cómo funcionaba el mercado y algunos le hicimos tímidas preguntas con un hilillo de voz.

Esta es la historia de cómo Jennifer me tendió la mano y, tras sujetarme con fuerza, me lanzó sin piedad al vacío de la vida laboral, aunque ella probablemente no era consciente en ese momento de lo que iba a provocar. Ya hacía tiempo ―en segundo de carrera―, que Ricardo Muñoz Martín me había agarrado firmemente del cuello y me había estampado con fuerza contra la pared ―sin duda, una de las mejores cosas que me ha pasado nunca―, pero ahora que se acercaba la recta final no me esperaba recibir un nuevo mamporro ―prometo que ahora tampoco estoy pensando en fumar―.

Sin más dilación, les dejo con una de las prácticas que llevamos a cabo durante el curso. Se trata de la traducción de un videojuego para niños. La plataforma que lo aloja es un móvil y el objetivo de la empresa es concienciar a los chavales de la importancia de cuidar el medioambiente. Así que, como de costumbre, opté por darle un toque fresco que quedaría la mar de chulo en la pantalla y con colores. ¡A cultivar se ha dicho!:

Texto original-Be green!

Traducido-¡Lechugo!

¡Disfruten del sol! 😀

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