Los dos días siguientes los pasé en cama, pero a duermevela. Las vívidas visiones de lo que había acontecido últimamente me asaltaban cada vez que lograba conciliar el sueño, así que estaba siempre cansado. Eso sí, aproveché las horas de la comida para integrarme. Allí había muchos traductores, algunos viejos conocidos y otros de los que ni tan siquiera había oído hablar. Cuando me desconectaron del suelo, la bienvenida fue muy calurosa: nada más entrar al comedor mis nuevos compañeros me sonrieron y me explicaron de qué iba todo aquello. Poco a poco se iban disipando mis dudas:

-Los altos cargos del navío en el que te encontrabas se vieron obligados a desalojar el barco —empezó Eugenia Arrés.

-Siempre pasa igual, cuando la llegada de los nuevos pupilos es inminente se deshacen de los veteranos —añadió Vicent Torres.

-Y siempre siguen el mismo método: nos noquean y nos arrojan por la borda. Claro, unos se hunden de inmediato, pero otros despertamos al poco tiempo —prosiguió Álvaro.

-Luego, dentro de los que despertamos, están los que se asustan por verse a su merced en plena altamar y se acaban rindiendo, pero los hay que, como tú y como todos nosotros, luchan por llegar a la orilla —continuó Nieves.

-Aunque, aún así, no todos consiguen llegar —terminó Eva María.

De repente, un hombre recio y de semblante adusto entró en la sala y trajo consigo el silencio.

-¿Eres el nuevo? —preguntó, mirándome fijamente.

Asentí.

-Me han hablado de ti. Toma, —dijo mientras extendía un sobre voluminoso—. Empiezas hoy. Lo quiero para el 22 de septiembre —se dirigió entonces a Curri—. ¿Ya conoce a su compañera?

-Aún no le hemos hablado de ella.

-Pues hacedlo. Van a trabajar juntos.

-¿Juntos? Pero no sabemos si son compat…

-¿De quién se trata? —interrumpí.

-Es otra recién llegada —contestó el hombre—. Se llama Virginia Ramírez Domínguez.

-¡Ah, entonces estoy seguro de que haremos un buen equipo!

 

El pasado viernes 29 de julio fue mi último día de trabajo en el Vicedecanato. Hasta hace dos días mi permanencia en la ULPGC estaba en el aire pero finalmente me han renovado el contrato hasta diciembre, así que, a pesar de que no es mi trabajo ideal, es una buena manera de ahorrar algo de guita para poder lanzarme a la aventura en un futuro muy próximo.

Sin embargo, la cruda realidad es que este año casi no tendré vacaciones. Aunque durante el mes de agosto no tengo que seguir yendo a la Facultad, he de centrarme en mi primer encargo como traductor profesional. Así es, lo han leído bien: ya me han dado mi primera traducción. Gracias a la recomendación de Laura Cruz García y Xavier Li-Tah Lee Lee, conseguí hacerme con un encargo en el que trabajo con otras siete personas. Se trata de una traducción jurídica —que no jurada— para Justicia pero no puedo dar más datos sobre el contenido porque es información protegida.

 

Me temo que este año no podré cantar el éxito de Fórmula V a pleno pulmón.

 

El día de la reunión estaba hecho un flan. Cuando llegué al edificio al que me habían citado le pregunté a la chica de recepción que adónde debía ir para reunirme con el coordinador de traductores. Su respuesta fue:

-Ah, sí. ¿Es usted don José Luis Castillo Flores? ¿El traductor?

El tiempo se paró en ese instante. Me vi allí, a mis 21 años, mirando a aquella mujer, y entendí que mi juventud había quedado atrás para convertirme en un adulto que se ganaba su propio pan. Era cierto. Ya era traductor. Y ya me trataban como tal, con la categoría de «don» y todo, ¡qué momentazo! En ese instante, me invadió una sensación de orgullo, de satisfacción; me sentía potente, exultante, dispuesto a enfrentarme a lo que se me pusiera por delante. Subí los escalones de dos en dos mientras pensaba en lo motivado que estaba, en lo satisfecho que me sentía y en lo preparado que me veía; llegué hasta la segunda planta y entré por el arco principal. Fue entonces cuando vi a mis compañeros de trabajo… Craso error: había algo que no me esperaba. Yo era el único chico —fue entonces cuando entendí por qué la recepcionista se sabía mi nombre—, y de pronto sentí que toda aquella fuerza se iba yendo con mi sonrisa, conforme observaba al resto de mujeres que esperaban allí sentadas. Mi llegada causó sensación, pero no fue furor, ni deseo sexual. Ni mucho menos. Todas aquellas mujeres iban ataviadas como verdaderas empresarias: faldas, camisas, tacones, peluquería y mucho maquillaje… Y yo con vaqueros, zapatillas deportivas y mochila con motivos friquis. ¡Yupi! Novato en toda regla. Así que asumí que me miraban sin pasión, pero con reprobación y asombro…

El caso es que junto a Margaret Astor, Estée Lauder y Maybelline estaba una buena compañera de la facultad: Virginia Ramírez Domínguez, por lo que logré relajarme un poco. La reunión fue increíble. El coordinador de traductores nos dio todas las directrices que debíamos seguir para que el resultado fuera óptimo. Como les dije antes, no puedo revelar el contenido porque es confidencial, pero sí puedo decirles que el material está MANUSCRITO, que los autores son personas DIFERENTES  con letras completamente DISTINTAS —en algunos casos se trata de un ejercicio de descifrar, entender y traducir— y que se mezcla el inglés británico con el de EE.UU., ¿puede haber un estreno mejor para un principiante teniendo en cuenta que hay mucha terminología específica? Pues probablemente sí, pero yo me doy con un canto en los dientes. 😉

Otro punto bueno es que a Virginia y a mí nos tocó traducir material vinculado, así que me aventuro a decir que el resultado será positivo, sin lugar a dudas. Por tanto, ya ven, no podré tomarme un merecido respiro. Muchos me han dicho —y tienen razón—, que no descansar supone un riesgo, que este curso que he dejado atrás ha sido, con diferencia, el más extenuante de todos y que la organización de una orla fulmina al más pintado pero, este año, es lo que toca. Así que, a pesar de que sé que no es recomendable trabajar duro sin engrasar las poleas, me encuentro con fuerzas y ánimos suficientes como para afrontar todo lo que me he propuesto. No sé si es por la libertad de no sentirme bajo la presión de los exámenes y las fechas de entrega, pero lo cierto es que ahora mismo veo todo lo relacionado con la traducción y la interpretación como un pasatiempo. Tal vez es producto de la ilusión del principiante. El caso es que soy tremendamente feliz estudiando idiomas, leyendo, comparando y traduciendo. Me lo paso pipa. ¿También les pasa a ustedes o es como el amor para algunos, que dicen que la llama se va apagando poco a poco?

Por otra parte, y como ya he comentado por ahí, sigo empecinado en continuar mi andadura con el alemán y el japonés, así que he decidido comprarme sendos libros gordos de Petete que contienen toda la sintaxis y la  gramática —aparte del vocabulario hasta un nivel intermedio. Además, he decidido traducir por mi cuenta un conjunto de historias cortas de miedo, escritas por autores consagrados como Allan Poe, Agatha Christie, Lovecraft y Dickens, entre otros, en la recopilación Grauslichschöne Gruselgeschichten für dunkle Abende. ¿Lo han leído? Es un buen ejercicio de calentamiento, ya que después me gustaría traducir al español una de mis novelas favoritas, Das Parfum: die Geschichte eines Mörders, cuya traducción —de manos de Pilar Giralt Gorina— me parece absolutamente sublime, desde la primera mayúscula hasta el punto final.

A pesar de todo, y como ya les adelanté al principio, sí que me tomaré la licencia de pillar cinco días de vacaciones. Me voy de viaje rumbo a Lanzarote, a reunirme con los amigos de la carrera, a gozar con los maravillosos paisajes y a otear desde la costa por si veo alguna embarcación rumbo a San Borondón. Porque no hay que olvidar que siempre es importante mantener el contacto con esos amigos a los que uno sabe que, a partir de ahora y con algo de suerte, verá una o dos veces al año, para compartir vivencias, recordar aventuras pasadas y disfrutar de los buenos momentos.

¡Disfruten del Sol! 😀

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