Cientocuarenta puestas de Sol. Con sus días y sus noches. Ese fue el tiempo que me mantuvieron confinado. Jordi había venido a buscarme la mañana siguiente al incidente de la playa:

-Coge todo lo que necesites. No volverás aquí por un tiempo.

-¿Adónde me llevas? —contesté, temeroso.

-Vamos a comprobar si tienes madera para unirte a nuestra causa… Y entonces podrás abrir la boca.

 

 ¿Cómo va todo, grumetillos? Últimamente he estado bastante (demasiado) alejado de la bitácora, pero a qué no saben cuál es la buena noticia… ¡no he estado haciendo ganchillo!, sino trabajando muy (también demasiado) duro en diferentes actividades relacionadas con la traducción, y ya estoy preparado para volver… ¡y con qué fuerza!

A estas alturas mi primera gran noticia es decirles que… ¡ya soy traductor autónomo! 😀 Y ahora muchos pensarán: «Pero, ¿por qué diantre se alegra este inepto? No es consciente del berenjenal en el que se ha metido…», y a bote pronto puede que sí, que suene a aventura temeraria (y más aún en los tiempos que corren), pero en ocasiones uno debe dejarse llevar por las corazonadas, que muchas veces vienen acompañadas del éxito.

Desde que se venciera mi contrato como becario en la ULPGC, el pasado 31 de diciembre, he estado trabajando para un bufete de abogados como traductor. Tan solo llevo dos semanas, pero desde ya puedo decir que el ambiente de trabajo es ideal. Somos un total de diez trabajadores: cinco abogados, una secretaria y cuatro traductores. Nosotros cuatro estamos en una oficina anexa al despacho original, pero cuál fue mi sorpresa al ver que… ¡la estábamos estrenando nosotros! En los últimos meses el bufete ha empezado a recibir una cantidad bestial de casos referentes a extranjeros: compraventa y alquiler de propiedades, querellas, cartas comerciales… Así que ellos, ni cortos ni perezosos, lejos de rechazar a los clientes decidieron encauzar el rumbo del negocio y ampliar el bufete hacia otros derroteros. En diciembre acabaron las obras y llegó el mobiliario: tengo una mesa y una silla nuevitas y flamantes para mí solito, qué pasada. Poco a poco el lugar de trabajo va cogiendo forma y color, algo básico para poder trabajar cómodamente:

 

Aquí les dejo una instantánea con Antonio Eugenio Jiménez Pérez, compañero de clase, copresentador de la orla y ahora también compañero de trabajo.

Todo empezó con un anuncio en el periódico que pedía traductores para un bufete situado en el sur de la isla. Mi madre vio el anuncio y me lo pasó (si es que las madres…), pero yo tenía pendiente otro millar de cosas como para dedicarle tiempo a escribir un correo. Al día siguiente, me llegó un mensaje en el que aparecía la misma oferta. Me metí en la página web y en un arrebato y casi sin pensarlo, me dio por escribirles. Me citaron para hacer una prueba de traducción y ahí que fui yo, viento en popa a toda vela, en mi velero bergantín. Llegué al despacho, Alcaraz Varó en mano, para afrontar un nuevo reto. Me pasó lo de siempre: los aspirantes estaban encorbatados y enchaquetados, dispuestos a comerse el mundo con sus maletines de cuero y aquellas caras de depredadores. Por las pintas deduje que las aspirantas empataban con un desfile en Cibeles. Yo llegué con mis vaqueros y mi camisa desabrochada (debajo tenía una camiseta, no piensen que fui borracho), y me limité a otear el horizonte con aire bucólico, como Niebla cuando Heidi partía de nuevo a Frankfurt.

La prueba consistía en un contrato de compraventa que había que traducir del inglés al español. No podíamos usar internet, tan solo el diccionario y nuestro cerebrito. El tiempo estimado era una hora… yo tardé treinta minutos. Hacía menos de un año que había asistido a las clases de traducción jurídica con Víctor González, y lo tenía todo bien fresco, así que no me costó mucho, me pareció fácil y las palabras salían solas. A los pocos días me llamaron para decirme que me querían fichar y… ¡aquí estoy! La verdad es que la temática no es la que más me atrae (de hecho, es la que menos), pero es una gran oportunidad para empezar: 40 horas semanales, horario flexible, sueldo nada desdeñable, jefes cercanos y compañeros de trabajo que son un encanto, ¡no puedo pedir más! 😉

Con esta entrada quiero lanzarles un mensaje de ánimo a todos aquellos que creen que no hay curro, ¡no es así! Quizás haya poco y peor, pero sigue habiendo, tan solo es cuestión de buscar bien, de sacrificarse, de ser ambicioso y de no tirar la toalla a la primera de cambio. La suerte ya… es otro tema. Algunos dicen que viene sola, pero yo creo que en estas situaciones no existe, que cada uno se la busca por sí mismo, y que la diferencia entre uno y otro no es la suerte, sino cómo cada uno ha decidido explotar sus cualidades. Y por supuesto que nos llevaremos desengaños pero, ¿acaso no reside ahí el encanto de la vida? ¿Acaso no es de eso de lo que aprendemos? Lo que hay que pensar es: «¿Cómo va alguien a rechazarme? Es mi historia y he invertido una cantidad brutal de tiempo (y dinero, aunque eso es menos importante) en esto como para que me digan que no soy el indicado». En caso de que haya alguna persona desmotivada… ¡se acabaron los lamentos! Lo que hay que hacer es trabajar duro para mejorar poco a poco y convertirnos en lo que realmente queremos. Prueben esta página de aquí. Me la recomendó un muy buen amigo hace tiempo y es uno de los mejores inventos que he visto. Consiste en escribir un correo al yo del futuro, ya que desde la página debes programar cuándo quieres que te llegue. Viene genial para momentos clave, en los que uno está o muy desesperado o muy eufórico, porque nos brinda la posibilidad de analizar cómo veíamos una situación en un momento dado y cómo ha cambiado la perspectiva un tiempo después. Yo la he usado varias veces para reflexionar y para animar a mi yo futuro y el resultado siempre ha sido tremendo.

En fin, después de esta descarga de adrenalina, tengo el placer de anunciarles que ya el blog tiene página en Facebook: Perdido en San Borondón  y que servidor ya tiene perfil en aboutme, que todo es poco. Les dejo ya que me esperan mis amigas las declaraciones de cumplimiento. Volveré próximamente (pero pronto) con nuevas secciones para la página y más novedades, que de esas tengo un saco lleno.

¡Disfruten del Sol! 😀

 

 Nada más y nada menos que cuatro meses y medio. Casi nada. Cuando salí del recinto al que Jordi me había llevado tiempo ha, tomé una bocanada de aire, como si respirara libertad. Jennifer Vela me estaba esperando. Se me acercó, seria, con aire taciturno:

-Lo has conseguido. Ven conmigo. Vamos a trabajar juntos

 

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